Cortar todo contacto de golpe y sin explicación con alguien con quien salías.
El ghosting es la ruptura por desaparición. Sin "esto no funciona", sin cierre, sin ese visto que ya nunca te van a contestar. Un día hay conversación; al siguiente, silencio. Y el silencio es el mensaje. Se asocia sobre todo a las apps de citas, donde los matches son baratos y sobran y largarte no te cuesta nada socialmente, pero también pasa con amistades, familia y hasta jefes.
El malentendido típico es que el ghosting siempre es crueldad. A veces lo es. Pero mucho es evitación del conflicto disfrazada de comodidad: al que hace ghosting le cuesta más mandar el mensaje honesto de tres líneas ("no lo estoy sintiendo") que no mandar nada. Eso no lo hace menos doloroso para quien lo recibe: la ausencia de un motivo es justo lo que escuece, porque el cerebro rellena el vacío con historias peores de lo que solía ser la verdad.
Cómo se presenta de verdad: el slow fade (las respuestas se vuelven más largas y frías hasta que paran), el hard ghost (a mitad de conversación, sin previo aviso) y sus secuelas — el "zombieing" y el "submarining", cuando el fantasma reaparece meses después con un "hey, cuánto tiempo", como si el silencio no hubiera existido. Ponerle nombre a la jugada es media batalla ganada.