Consentimiento como un 'sí' activo y con ganas — la ausencia de un 'no' no basta.
Aquí hay dos ideas soldadas y conviene separarlas. El consentimiento "afirmativo" es la parte mecánica: el consentimiento se da, no se asume por defecto. El silencio no es un sí. Un cuerpo paralizado no es un sí. Que no haya resistencia no es un sí. El consentimiento "entusiasta" añade un control de calidad encima: no solo permiso, sino ganas —la diferencia entre alguien que dice que sí porque es más fácil que discutir y alguien a quien de verdad le apetece. Juntos sustituyen al viejo modelo del "no es no", donde el sexo se daba por consentido hasta que alguien pisaba el freno.
El malentendido habitual es pensar que "entusiasta" significa estar dando saltos, actuando el deseo de cara a la galería. No va de eso. Gente callada, nerviosa o que aún se lo está pensando consiente de forma entusiasta constantemente. El listón no es la euforia teatral: es un sí real y sin coacción que igual de bien podría haber sido un no. Si decir "no" le fuera a costar algo a la persona (su seguridad, la noche, la relación), entonces el "sí" vale poco. "Entusiasta" es la forma corta de decir "elegido libremente", no "a gritos".
Cómo se ve en la práctica: preguntar en vez de dar por hecho, tratar el consentimiento como algo continuo y no como una puerta que se cruza una sola vez, y leer un "…bueno, vale, supongo" dudoso como una señal de stop, no como luz verde. Y funciona en los dos sentidos: le da a cualquiera permiso para desear cosas en voz alta, que es la parte que se suele olvidar. Sobre este modelo se construye hoy casi toda la educación sobre consentimiento, y una porción cada vez mayor de la normativa y la ley.