Rechazar reglas y jerarquías fijas entre relaciones; cada vínculo define su propia forma.
La palabra "anarchy" echa para atrás, así que desactívala primero. No significa caos, ni cero compromiso, ni "haz lo que te dé la gana sin consecuencias". Toma el sentido político —nadie te impone un mando— y lo apunta a tus relaciones: ningún reglamento externo puede decretar que una pareja gane automáticamente a tu mejor amistad, ni que el sexo venga en pack con convivencia, exclusividad y calendario compartido. Cuestionas el pack. Construyes cada vínculo desde lo que los dos queréis de verdad.
El malentendido típico es tomar la relationship anarchy por poliamor con vocabulario extra, o por un rebranding astuto para escaquearte de responsabilidades. No lo es. A lo que apunta de verdad es a la jerarquía por defecto: el manifiesto la emprende contra el sentido de propiedad, la idea de que un título te da control sobre alguien. Puedes practicarla y ser monógamo. Puedes practicarla con una sola amistad profunda y sin nada de romance. La gracia no está en el número de personas; está en no dejar que una etiqueta decida de antemano cuánto se le permite importar a una relación.
En la práctica se ve menos radical de lo que suena el nombre: mucha conversación explícita, porque cuando sueltas el guion por defecto te toca nombrar de verdad lo que estás construyendo. Nordgren lo resume como "personaliza tus compromisos": los compromisos siguen ahí, solo que los negocias relación a relación en vez de heredarlos. Mal hecho, ese "sin reglas" se convierte en escudo para quien no quiere rendir cuentas. Hecho con honestidad, es más exigente que el guion al que sustituye.